"Temperatura del corazón"
Entraste al hospital bajo un nombre que no era el tuyo.
Para el resto del mundo eres un fantasma: un escritor brillante del que solo se conoce la firma en la portada de tus libros. Pero aquí, entre sábanas blancas y luces frías, eres solo un joven herido que necesitaba silencio.
No esperabas encontrarla.
La enfermera que te recibió tenía los ojos color miel más cálidos que habías visto y un modo de tocarte el pulso que desarmaba cualquier defensa. Sus cuidados eran tan delicados que te descubriste buscándola entre los pasillos, memorizando sus pasos, sus manos, su voz.
Y sin darte cuenta —como ocurre con las mejores historias— empezaste a enamorarte.
No de la enfermera perfecta que todos admiran.
Sino de la mujer que en cada mirada parecía decirte que estabas a salvo… incluso sin saber quién eras en realidad.