KI-Kunst: El aire a la multitud. Mitsuri Kanroji apareció de golpe. Ni por la puerta ni por un portal: fue . Un chispazo de rosa-coral que cortaba el aire como una cuchilla de terciopelo dejando a su paso un olor a flores de cerezo y sangre. Cayó de rodillas sobre el asfalto agrietado; sus coletas de rosa chicle sardineando como látigos. El haori que portaba como parte de su uniforme de Cazadora de Demonios se arremangó cuando impactó contra el suelo, mostrando así los músculos de sus brazos que latían con vida propia, como si todavía estuvieran haciendo frente a un enemigo invisible. —¿Dónde...? —susurró, y su voz sonó a cristal roto en japonés antiguo. Los paseantes la ignoraron. Un hero student de Shiketsu pasó corriendo, su capa blanca ondeando como una bandera en plena batalla. Mitsuri se incorporó tambaleante. Sus ojos verde-menta, siempre cálidos, estaban dilatados por el miedo. El miedo no era al combate, sino al olvido. Había sentido cómo su mundo se desgarraba como un papel de arroz; y ahora estaba allí, en una ciudad donde los quirks sustituían la respiración de la espada. —¡Cuidado! —gritó alguien. Una raqueta de energía pasó rozándole la mejilla y Mitsuri se agachó por instinto, con las piernas flexionadas como si fuera la propia Hashira. Pero no había espada. No había respiración del amor . Tan solo sus manos temblorosas, vacías. Y entonces él apareció. Izuku Midoriya emergió de un callejón lateral, su capa verde-esmeralda ondeando tras él como la cola de un cometa. Sus zapatos de Air Deku chirriaron por la inercia. Tenía ya la One For All al 15% activada en los brazos, surcados de marcadas líneas eléctricas de energía. Pero sus ojos... sus ojos eran los mismos que los de cuando contaba con diez años y se devoraba cada libro sobre All Might. Grandes, redondos, llenos de lágrimas que aún no habían caído. —¡Señorita! ¿Está herida? —su voz se rompió en un falsete que denotaba preocupación. Mitsuri hizo lo propio. El viento mecía sus coletas, las hacía chocar contra los hombros de Deku. Él olía a sudor de entrenar y a algodón de azúcar de una feria que había en el parque. Ella olía a sakura y a acero. —No… entiendo —dijo ella, con labios que temblaron. —¿Dónde está Tanjirou? ¿Y Nezuko? Deku parpadeó. Su mente fangirl registró automáticamente: no es de aquí. Otro caso de quirk de interdimensionalidad. Como All For One pero… diferente . —Mi nombre es Izuku Midoriya —dijo, hirviendo en una reverencia tan baja que casi hacía que su frente tocara el suelo. —Hero Student de la U.A. , clase 2-A. Puedo… ayudarla? Mitsuri lo miró. De verdad lo miró . Vio las cicatrices de sus manos, sus uñas, rotas, el parche de All Might de su mochila. Y vio alguna otra cosa: la soledad que ella traía sobre los hombros . —Estoy… perdida —susurró. —La marcha de mi mundo se fue. Como si no hubiera existido. Deku extendió su mano. No la mano de One For All sino la otra: la que aún tenía un tatuaje de Katsudon mal hecho que le había hecho su madre. —Entonces...—dijo, acompañando sus palabras con esa sonrisa que completaba aquella mueca que le infundía entre muy buena y más que decente (entre otras cosas, había que recordar que solamente fue así, por lo que uno podría recordar): las mejillas parecían bolitas de mochi. —¿Te gustaría caminar conmigo? Yo también me he perdido muchas veces. Mitsuri le tomó la mano. Sus dedos eran más grandes que los de él, pero encajaron como piezas de un rompecabezas. La sensación era eléctrica: no porque algo de la herencia que llevábamos en las venas, sino por el peso de dos mundos en aquel choque. Y caminaron.
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El aire a la multitud. Mitsuri Kanroji apareció de golpe. Ni por la puerta ni por un portal: fue . Un chispazo de rosa-coral que cortaba el aire como una cuchilla de terciopelo dejando a su paso un olor a flores de cerezo y sangre. Cayó de rodillas sobre el asfalto agrietado; sus coletas de rosa chicle sardineando como látigos. El haori que portaba como parte de su uniforme de Cazadora de Demonios se arremangó cuando impactó contra el suelo, mostrando así los músculos de sus brazos que latían con vida propia, como si todavía estuvieran haciendo frente a un enemigo invisible. —¿Dónde...? —susurró, y su voz sonó a cristal roto en japonés antiguo. Los paseantes la ignoraron. Un hero student de Shiketsu pasó corriendo, su capa blanca ondeando como una bandera en plena batalla. Mitsuri se incorporó tambaleante. Sus ojos verde-menta, siempre cálidos, estaban dilatados por el miedo. El miedo no era al combate, sino al olvido. Había sentido cómo su mundo se desgarraba como un papel de arroz; y ahora estaba allí, en una ciudad donde los quirks sustituían la respiración de la espada. —¡Cuidado! —gritó alguien. Una raqueta de energía pasó rozándole la mejilla y Mitsuri se agachó por instinto, con las piernas flexionadas como si fuera la propia Hashira. Pero no había espada. No había respiración del amor . Tan solo sus manos temblorosas, vacías. Y entonces él apareció. Izuku Midoriya emergió de un callejón lateral, su capa verde-esmeralda ondeando tras él como la cola de un cometa. Sus zapatos de Air Deku chirriaron por la inercia. Tenía ya la One For All al 15% activada en los brazos, surcados de marcadas líneas eléctricas de energía. Pero sus ojos... sus ojos eran los mismos que los de cuando contaba con diez años y se devoraba cada libro sobre All Might. Grandes, redondos, llenos de lágrimas que aún no habían caído. —¡Señorita! ¿Está herida? —su voz se rompió en un falsete que denotaba preocupación. Mitsuri hizo lo propio. El viento mecía sus coletas, las hacía chocar contra los hombros de Deku. Él olía a sudor de entrenar y a algodón de azúcar de una feria que había en el parque. Ella olía a sakura y a acero. —No… entiendo —dijo ella, con labios que temblaron. —¿Dónde está Tanjirou? ¿Y Nezuko? Deku parpadeó. Su mente fangirl registró automáticamente: no es de aquí. Otro caso de quirk de interdimensionalidad. Como All For One pero… diferente . —Mi nombre es Izuku Midoriya —dijo, hirviendo en una reverencia tan baja que casi hacía que su frente tocara el suelo. —Hero Student de la U.A. , clase 2-A. Puedo… ayudarla? Mitsuri lo miró. De verdad lo miró . Vio las cicatrices de sus manos, sus uñas, rotas, el parche de All Might de su mochila. Y vio alguna otra cosa: la soledad que ella traía sobre los hombros . —Estoy… perdida —susurró. —La marcha de mi mundo se fue. Como si no hubiera existido. Deku extendió su mano. No la mano de One For All sino la otra: la que aún tenía un tatuaje de Katsudon mal hecho que le había hecho su madre. —Entonces...—dijo, acompañando sus palabras con esa sonrisa que completaba aquella mueca que le infundía entre muy buena y más que decente (entre otras cosas, había que recordar que solamente fue así, por lo que uno podría recordar): las mejillas parecían bolitas de mochi. —¿Te gustaría caminar conmigo? Yo también me he perdido muchas veces. Mitsuri le tomó la mano. Sus dedos eran más grandes que los de él, pero encajaron como piezas de un rompecabezas. La sensación era eléctrica: no porque algo de la herencia que llevábamos en las venas, sino por el peso de dos mundos en aquel choque. Y caminaron.
3 months ago