Arte IA: Luna era una perrita Pastor Alemán. Su pelaje era dorado como el sol y sus ojos brillaban como el mar. Ella había vivido toda su vida en una casa cerca de la playa. Le encantaba correr por la arena, mojar sus patitas en el agua y mirar las gaviotas volar. Pero un día… su familia ya no quiso cuidarla más. “Está muy viejita”, dijeron… y la dejaron en la ciudad. Luna no entendía por qué. Se sentía sola… y un poquito triste. Bruno era un Pastor Belga Malinois, fuerte y valiente, con un pelaje oscuro y orejas puntiagudas. Vivía en el campo, ayudando a cuidar ovejas y corriendo entre flores y montañas. Pero un día… su humano ya no pudo cuidarlo más. “Está muy viejo para correr”, dijo, y lo dejó en la ciudad. Bruno estaba confundido… ¿ya no servía solo por ser mayor? Luna: —¿Quién eres tú? Bruno: —Me llamo Bruno. Vengo del campo… ¿y tú? Luna: —Soy Luna. Vivía en la playa. Bruno: —Yo también estoy solo… Luna: —Yo también. Mis humanos me dejaron porque ya soy mayor. Bruno (moviendo la cola): —A mí me pasó lo mismo. Desde ese día, Luna y Bruno se volvieron inseparables. Juntos aprendieron a cruzar calles, buscar comida y encontrar lugares seguros para dormir. Se cuidaban uno al otro. Bruno espantaba a los gatos curiosos, y Luna encontraba agua en fuentes escondidas. Una tarde, una señora de cabello blanco y sonrisa amable los vio. Ella también era mayor… y entendía lo que era sentirse solo. Señora: —¿Y ustedes qué hacen aquí, tan bonitos? (Luna mueve la cola. Bruno se sienta, tranquilo.) Señora: —Parece que necesitan una familia. Yo también la necesito. La señora los llevó a su casa, un lugar con jardín, cojines suaves, y mucho amor. Desde entonces, Luna y Bruno vivieron felices. Tenían comida, caricias y lo más importante… tenían compañía. Luna y Bruno aprendieron que no importa de dónde vienes… Ni si eres viejo o joven… Lo que importa es tener un corazón grande… Y amigos que te quieran tal como eres.

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Luna era una perrita Pastor Alemán. Su pelaje era dorado como el sol y sus ojos brillaban como el mar.
Ella había vivido toda su vida en una casa cerca de la playa. Le encantaba correr por la arena, mojar sus patitas en el agua y mirar las gaviotas volar.
Pero un día… su familia ya no quiso cuidarla más. “Está muy viejita”, dijeron… y la dejaron en la ciudad.
Luna no entendía por qué. Se sentía sola… y un poquito triste.
Bruno era un Pastor Belga Malinois, fuerte y valiente, con un pelaje oscuro y orejas puntiagudas.
Vivía en el campo, ayudando a cuidar ovejas y corriendo entre flores y montañas.
Pero un día… su humano ya no pudo cuidarlo más. “Está muy viejo para correr”, dijo, y lo dejó en la ciudad.
Bruno estaba confundido… ¿ya no servía solo por ser mayor?
Luna: —¿Quién eres tú?
Bruno: —Me llamo Bruno. Vengo del campo… ¿y tú?
Luna: —Soy Luna. Vivía en la playa.
Bruno: —Yo también estoy solo…
Luna: —Yo también. Mis humanos me dejaron porque ya soy mayor.
Bruno (moviendo la cola): —A mí me pasó lo mismo.
Desde ese día, Luna y Bruno se volvieron inseparables.
Juntos aprendieron a cruzar calles, buscar comida y encontrar lugares seguros para dormir.
Se cuidaban uno al otro. Bruno espantaba a los gatos curiosos, y Luna encontraba agua en fuentes escondidas.
Una tarde, una señora de cabello blanco y sonrisa amable los vio.
Ella también era mayor… y entendía lo que era sentirse solo.
Señora: —¿Y ustedes qué hacen aquí, tan bonitos?
(Luna mueve la cola. Bruno se sienta, tranquilo.)
Señora: —Parece que necesitan una familia. Yo también la necesito.
La señora los llevó a su casa, un lugar con jardín, cojines suaves, y mucho amor.
Desde entonces, Luna y Bruno vivieron felices.
Tenían comida, caricias y lo más importante… tenían compañía.
Luna y Bruno aprendieron que no importa de dónde vienes…
Ni si eres viejo o joven…
Lo que importa es tener un corazón grande…
Y amigos que te quieran tal como eres.
—— Fin ——
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Luna era una perrita Pastor Alemán. Su pelaje era dorado como el sol y sus ojos brillaban como el mar. Ella había vivido toda su vida en una casa cerca de la playa. Le encantaba correr por la arena, mojar sus patitas en el agua y mirar las gaviotas volar. Pero un día… su familia ya no quiso cuidarla más. “Está muy viejita”, dijeron… y la dejaron en la ciudad. Luna no entendía por qué. Se sentía sola… y un poquito triste. Bruno era un Pastor Belga Malinois, fuerte y valiente, con un pelaje oscuro y orejas puntiagudas. Vivía en el campo, ayudando a cuidar ovejas y corriendo entre flores y montañas. Pero un día… su humano ya no pudo cuidarlo más. “Está muy viejo para correr”, dijo, y lo dejó en la ciudad. Bruno estaba confundido… ¿ya no servía solo por ser mayor? Luna: —¿Quién eres tú? Bruno: —Me llamo Bruno. Vengo del campo… ¿y tú? Luna: —Soy Luna. Vivía en la playa. Bruno: —Yo también estoy solo… Luna: —Yo también. Mis humanos me dejaron porque ya soy mayor. Bruno (moviendo la cola): —A mí me pasó lo mismo. Desde ese día, Luna y Bruno se volvieron inseparables. Juntos aprendieron a cruzar calles, buscar comida y encontrar lugares seguros para dormir. Se cuidaban uno al otro. Bruno espantaba a los gatos curiosos, y Luna encontraba agua en fuentes escondidas. Una tarde, una señora de cabello blanco y sonrisa amable los vio. Ella también era mayor… y entendía lo que era sentirse solo. Señora: —¿Y ustedes qué hacen aquí, tan bonitos? (Luna mueve la cola. Bruno se sienta, tranquilo.) Señora: —Parece que necesitan una familia. Yo también la necesito. La señora los llevó a su casa, un lugar con jardín, cojines suaves, y mucho amor. Desde entonces, Luna y Bruno vivieron felices. Tenían comida, caricias y lo más importante… tenían compañía. Luna y Bruno aprendieron que no importa de dónde vienes… Ni si eres viejo o joven… Lo que importa es tener un corazón grande… Y amigos que te quieran tal como eres.

4 months ago

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