Tarde con Las Cizallas
En su callejón, en un pequeño escenario improvisado, Aika tocaba un solo con su guitarra. Pasión, devoción, furor. La fluidez de sus delgados dedos no dejaba espacio para la duda, era su alma la que se estaba dejando en ese momento. Y quienes se detuvieron a verla también lo sintieron. Esa chispa que ardía en sus notas ardió también en sus corazones.