AI Искусство: hicle y el Calvo EL CALVO SE LLAMABA REALMENTE ARCADIO Y DE CHICLE nadie nunca supo su verdadero nombre, tenían edades, razas, historias y modos diferentes, pero los unía la salsa: ambos eran verdaderos fanáticos de este ritmo y sus conversaciones e incluso sus vidas giraban en torno a ella. Recuerdo el día que se estrenó Juanito Alimaña en Latina Stereo, una emisora local dedicada al género, y fue una revelación: Chicle escuchó la letra y quedó alelado, como transportado a otra dimensión, por lo que empezó a buscar prestado un casete para sintonizar en una vetusta grabadora que tenía en la pieza donde vivía desde los diecisiete años, cuando arribó al barrio, los 100.9 y grabar todo lo que iban pasando a ver si en una de esas caía por suerte la canción que tanto lo había impactado, y cuando se acababa la cinta de un lado, lo volteaba y seguía grabando, así pasó todo el día, dándole vueltas al casete y grabando encima de lo que ya había grabado, hasta que casi a las diez de la noche sonó por fn el anhelado tema y logró captarlo completo, de ahí en más todos los días lo escuchaba desde temprano en la mañana hasta bien entrada la noche, tantas veces GILMER MESA SEPÚLVEDA 148 lo repitió que en menos de dos días todos los vecinos la sabíamos de memoria. La vida de Chicle era eso, estar en la esquina, escuchar salsa, fumar mariguana y arrastrar los muertos que caían en la cuadra y sus inmediaciones para que los levantamientos no atrajeran a la policía hacia el epicentro del combo. Lo conocí ya grande, cuando siendo yo un niño lo veía siempre igual, en la esquina y escuchando salsa sin hablar con nadie, porque aunque les servía a los bandidos del combo para tareas bien defnidas, nunca vi a ninguno hablar con él, solo aparecía para cumplir su función como si estuviera explícito de antemano que ese era su trabajo y nada más. Sobrevivía con lo que los pillos le daban por alejar los muertos y aunque era mayor que todos ellos, nunca se involucró en sus negocios de una manera activa, solamente hacía lo necesario para ir tirando. En el fondo creo que lo único que le interesaba en la vida era la salsa, porque para el resto de actividades era como una sombra: uno sabía que estaba, pero nunca se notaba demasiado porque además de ser extremadamente callado, era muy descuidado con su apariencia y su forma de vestir, y usaba por lo regular la ropa que otros habían dejado y que se la endosaban por no tirarla a la basura, lo cual hacía que nadie quisiera su compañía y al parecer al él tampoco le gustaba estar con la gente. Llegaba al punto de ubicarse en la esquina contraria a la de siempre cuando estaba muy llena de pillos y desde ahí contemplarlos mientras escuchaba su música y fue por esta que terminó relacionándose con Arcadio de una forma más cercana, ya que fue el único que se interesó en ese gusto particular de Chicle. Siendo también un niño, Arcadio quedó solo en el mundo, su madre lo había dejado junto con su hermano mayor Ramiro al cuidado de su padre para irse a probar suerte a Venezuela y nunca más supieron de ella, y su padre era latonero por días y bastante alcohólico, por lo cual los muchachos se LA CUADRA TIMES 149 criaron prácticamente solos, vivían en un ranchito de madera que se venía abajo cada tanto en las afueras del barrio, pero se mantenían en la cuadra porque los Prisco habían estudiado en la escuela con Ramiro, el hermano mayor, y la madre de estos, doña Leticia, al saber la historia de los dos muchachos les tomó cariño y les daba comida cada que podía, volviéndolos muy allegados a la familia. Fue así como Ramiro, al que todos le decían el Calvo por llevar el pelo al rape, fue uno de los fundadores del combo al lado de los hermanos Ricardo y Armando, pero en uno de los primeros trabajos de importancia como jaladores de carros fue sorprendido y en su afán de liberarse de un policía lo mató a puñaladas. Fue detenido por hurto y homicidio agravado, condenado a 35 años de cárcel y trasladado al penal de Valledupar, a donde era prácticamente imposible ir a visitarlo. A partir de este acontecimiento, Arcadio quedó claramente solo en la calle y fue por esto que se convirtió en favorecido de Los Priscos, que se sentían responsables por el muchacho, y adoptó el remoquete de su hermano preso, al principio en diminutivo, le decían el Calvito, pero a medida que iba creciendo se transformó simplemente en el Calvo. A pesar de que era admitido y querido por la familia Prisco y pasaba mucho tiempo en esa casa, nunca vivió plenamente con ellos, era un muchacho de la calle que además nunca estudió nada porque no tuvo quién lo matriculara ni lo empujara a ir a una escuela, y pronto se encontró vagando de arriba abajo en la cuadra haciendo mandados, lavando carros o rebuscándose cualquier centavo para sobrevivir. En ese tiempo se fue acercando a Chicle, porque era el único que a toda hora estaba disponible en la esquina y porque además siempre estaba escuchando música, lo que a Arcadio le parecía estupendo, porque esos sonidos le despertaban alegrías internas sin estrenar y esas letras le narraban las historias que él veía y vivía a diario, en esas canciones GILMER MESA SEPÚLVEDA 150 encontraba la compañía que nadie le había brindado en la vida, ni siquiera su hermano, que si bien lo quería mucho, era una persona distante y seca que nunca le expresó sus sentimientos. La amistad salsera de estos dos fue el encuentro de dos soledades que se comunicaron cantando con las canciones de otros lo que nunca aprendieron a decir con las propias palabras. Si bien la salsa en este barrio fue la banda sonora de la vida durante un par de décadas y todos la escuchábamos sin parar y con deleite, lo de estos dos amigos era una verdadera devoción que empezó cuando Arcadio escuchó al pasar la canción Melancolía de la Orquesta Zodiac en la envejecida grabadora que mantenía Chicle encendida a toda hora, por lo que estoy seguro de que gastaba más en pilas que en comida. Le preguntó que quién cantaba esa canción, que era muy bacana y Chicle, en principio reacio, solamente le respondió con el nombre de la orquesta y siguió en lo suyo, pero el muchachito insistente continuó averiguando que de dónde eran, que quién era el cantante, que cómo se llamaba la canción y que si él la tenía grabada. Chicle reparó bien al pelao y vio que su interés era real y empezó a relatarle todo lo que sabía sobre la Zodiac y sobre la salsa en general, y sintió algo que nunca había sentido en su vida, se sintió importante, y pasaron un largo rato sumergidos en una amena conversación sobre canciones y cantantes de los que ni el mismo Chicle sabía que conocía tanto, el joven cada vez más interesado y el mayor feliz desplegando su conocimiento acumulado en años y años de andar pegado a su grabadora. Desde ese día se hicieron amigos en serio y todos los días se encontraban para escuchar música, compartir conocimientos LA CUADRA TIMES 151 y descubrir juntos melodías y vocalistas nuevos, las vidas de ambos mejoraron ostensiblemente con esta pasión compartida, ya tenían un afán conjunto, la música, por lo que no era raro verlos juntando monedas para comprar pilas o casetes para grabar canciones y pedir papel de envolver parva en la tienda para escribir la letra de las tonadas e irlas recopilando, hasta que juntaron un repertorio y una sapiencia del género dignos de eruditos. Se contaban anécdotas que escuchaban, se trenzaban en discusiones imposibles para los neóftos sobre cuál orquesta era mejor, si la Broadway o la Típica 73 o la de Johnny Colón, y así llevaban sus días, y como Arcadio ya había empezado a fumar mariguana y Chicle era un consumidor asiduo, se pasaban las tardes entre su música y las risotadas del humo, felices solitarios en medio de una vida cada vez más tosca en el barrio, que les pasaba por las narices sin conmoverlos en lo más mínimo, porque mientras la muerte se enseñoreaba en estos predios, ellos inmutables vivían en su mundo mariguanero y musical, abstraídos de los problemas y enfrentando la adversidad cotidiana desde las voces y los sonidos tropicales que les hacían creer que la vida era posible. Pero como la canción dice, “todo tiene su fnal…”, Arcadio, al igual que el resto de muchachos de la cuadra, fue convocado por Los Priscos para que pagara dando plomo los cuidados dispensados en la época de las efectivas y numerosas matanzas de policías y enemigos, muy a su pesar tuvo que acudir porque su compromiso con los líderes del combo estaba teñido de algo más trascendental que el afán de lucro y respeto que incitaba a los demás. Estaba impulsado por la gratitud, un sentimiento tan altivo como inconveniente porque conlleva una GILMER MESA SEPÚLVEDA 152 deuda de sometimiento absoluto a quien ejerció el socorro que no se acaba nunca de pagar, y por más que se haga, en la mente siempre habrá un pendiente abierto que solo se cierra con la muerte. De ahí que muchos hombres preferan el desamparo y el aislamiento, como era el caso de Chicle, al saldo perenne cuyos intereses son la autoextorsión, el apocamiento y la represión. Así que el Calvo cada vez estaba más involucrado en crímenes y vueltas de la esquina y tenía muy poco tiempo para la música, aunque la escuchaba con regularidad, en todo momento y donde estuviera o mientras hacía lo que fuera. Pero no era lo mismo unas canciones apuradas como música de fondo de otras actividades que las dulces horas en que se sentaba con Chicle a escuchar juiciosamente los temas y a conversar sobre las letras, horas en que podían oír hasta treinta veces seguidas la misma melodía hasta que se la aprendían de cabo a rabo devolviendo el casete con un lapicero para no gastar las pilas, horas llenas de música en las que nada más importaba. Se podían pasar días enteros dirigiéndose la palabra escasamente para exclamar en los intersticios entre canciones, cosas como: Eh… ¡ese Patato sí es mucho teso con esas congas! o ¡Ismael Miranda sí es mucha voz ese hijueputa! y el otro decía: ¡Sí… pero como Maelo no hay dos!, y volvían a su mutismo de escuchas devotos hasta que la audición era estropeada por algún entrometido que venía a contarles algún chisme o a comentar sobre los azares de la cuadra. Se molestaban, pero no ahuyentaban directamente al invasor, se valían de una treta secreta que los unía más: se ponían a hablar de salsa, de cantantes como Santiago Cerón y compositores como Pedro Junco o Catalino el Tite Curet Alonso que nadie más conocía y la demás gente se aburría y se iban diciendo: Qué pereza estos maricas con esos temas todos rebuscados y a toda hora hablando de música, ¿no se cansan o qué?, ellos quedaban conformes y contentos de poder LA CUADRA TIMES 153 seguir escuchando sus temas sin molestas interrupciones. Sin proponérselo se habían transformado en una isla dentro del combo y eso les gustaba, pues los dos eran personas solas que encontraron en su amistad y sus gustos lo más parecido a un hogar, además se volvieron un equipo cuando Arcadio empezó a asesinar por orden de Los Priscos y Chicle arrastraba los muertos de aquel: se iban juntos cantando a matar y a remolcar como dos compañeros que se dirigen a un trabajo cualquiera, así se volvieron inseparables porque el destino los juntó también en el crimen. Pero en el mundo malandro las cosas siempre se tuercen por más recto que uno se obligue a andar y Chicle, que al parecer no tenía otro interés distinto en su vida que escuchar música, se afcionó de pronto al bazuco y con esta adicción sus pocas prioridades cambiaron radicalmente. El bazuco es quizás la peor de las drogas porque exige un consumo constante para evitar los periodos depresivos de disforia, que son los más en el consumidor perseverante, creando una necesidad a toda costa que no da tregua, por lo que cuando la persona se afciona a su consumo tiene que estar fumándolo todo el tiempo, su vida se vuelve el bazuco y se empecina en conseguirlo a como dé lugar, sin importar qué tenga que hacer para logarlo. Y si a esto le sumamos que Chicle no tenía dinero ni ninguna fuente de ingreso distinta a recoger muertos, tenemos a una persona en constante tensión, presa de lo que se conoce como amure, que es una desesperación invencible, una necesidad que sobrepasa todos los límites conocidos, y en él fue particularmente invasiva esta urgencia, lo llevó a descuidar todo lo suyo, ya de por sí bastante descuidado, GILMER MESA SEPÚLVEDA 154 y lo condujo incluso a abandonar lo que más quería en la vida, que era la salsa, empeñando su grabadora por cinco cosos, que es como le dicen al empaque de una dosis de bazuco. En los días de peor sujeción al vicio, Arcadio lo interpeló furioso diciéndole desechable y que cómo había sido posible que empeñara la grabadora, que ahora sí estaba era jodido, sin embargo, en medio de la reprimenda le entregó un radiecito con audífonos que había comprado para él, mientras el otro escuchaba cansinamente las palabras del Calvo que él sentía que venían de muy lejos y como cansadas, cuando en realidad el cansado era él y el bazuco le daba esa sensación de sosiego tan necesaria para poder sobrevivir que ya ni con la música lograba conjurar. Su vida se volvió un inmenso necesitar, un precisar constante de droga que solo lograba amainar con el consumo, esto pronto lo llevó a pedir plata a todo el que se encontrara. La gente al principio le regalaba monedas, sobre todo los pillos que de alguna manera lo consideraban uno de los suyos aunque inferior, pero rápidamente se cansaron de darle, nadie tolera a alguien que esté demandando enteramente y empiezan a tratar de componerle la vida al pedigüeño ofreciéndole trabajos y conminándolo a que haga lo que a ojos de la sociedad es lo correcto, que busque ayuda, que se interne, que tenga fuerza de voluntad, pero todas estas palabras e invitaciones son polvo que se lleva el viento en los oídos del adicto, que solo quiere cesar la voz interna que grita y desespera clamando por otra dosis. El Calvo fue el único que siempre toleró las demandas de Chicle y siempre que pudo le patrocinó el vicio aun a su pesar: siempre le echaba cantaleta, pero fnalmente le regalaba para que comprara algunos cosos, dejaba de comprar su propia ropa e incluso su comida con tal de que Chicle no se le desfgurara en la mente, viéndolo por ahí pedir monedas como un gamín. La necesidad de vicio afectó tanto los pocos ámbitos de la vida LA CUADRA TIMES 155 del arrastrador de muertos que ya ni siquiera era capaz de ejercer su ofcio: un día por la mañana mataron a Careloco, un infltrado de la policía que se hizo pasar por amigo de Los Priscos hasta que lo descubrieron y decretaron su asesinato, y Mario Toro y John Darío le dieron bala hasta decir basta al salir de la panadería de encima de la cuadra y ahí lo dejaron esperando que Chicle fuera a cumplir con su tarea, pero este nunca llegó, estaba en una manga al otro lado del barrio haciendo rendir unos cosos, mezclándolos con ladrillo molido y en medio de la más colosal traba. Cuando apareció en la cuadra bien entrada la noche, todo el mundo lo observaba como reclamándole y él no entendía hasta que Armando Prisco lo cogió a pescozones y malamente, entre insultos y bofetadas, le dijo que era un hijueputa bazuquero, que los había dejado tirados con un chulo ahí encimita y que la cuadra se había llenado de tombos, que hasta Ricardo estaba putísimo y que se había tenido que ir a esconder, y que si volvía a faltar, mejor no volviera porque él mismo lo mataba, así fuera a patadas. Chicle, aporreado y quejándose, se retiró hasta la esquina contraria, a donde llegó Arcadio para decirle: ¿Qué pasó pues, marica?, ¿dónde estabas?, vos sí sos muy cagada, agradecé que ese puto loco no te mató de una y ponete pilas que ve, ese marica vicio ya no te deja ni hacer las vueltas que tenés que hacer. Chicle medio lloroso le respondió: Estaba detrás del colegio fumándome unos diablitos, yo qué iba a saber que hoy era que iban a matar a ese hijueputa, y este otro pirobo por qué me tenía que pegar, ¿él acaso es mi papá?, ni siquiera es el patrón esa gonorrea, espere y verá que venga Ricardo y le voy a decir. ¿Sabe qué mano?, dijo Arcadio, mejor deje las vueltas así y venga tomemos gaseosa. No, qué gaseosa ni qué nada, dijo el otro, yo no tengo sed, tengo es rabia y ganas de fumarme un cosito, y se quedaron esperando que los pillos que los observaban desde el otro lado se dispersaran GILMER MESA SEPÚLVEDA 156 y se fueron a comprar el bazuco. Llegando de vuelta a la esquina Arcadio le dijo: ¿Y por qué no ponés música?, ¿dónde tenés el radio que te di? Chicle fumando le dijo: Calvito, parcerito, lo tuve que vender pa comprarme una comidita. Enfurecido, el Calvo le respondió: Qué comidita ni qué hijueputas, te lo fumaste en bazuco, maricón, y por eso no apareciste, comé mierda, puto desechable, ya no te respetás, ni siquiera querés a la música, y arrancó furibundo dejando a Chicle solo, ensartado en los tóxicos humos ya más tranquilo. El Calvo se molestó bastante por la desaparición del radio que le había regalado a Chicle y dejó de verlo varios días, en los que el amure de este llegó a alturas tan impensadas que lo condujeron al robo para poder tranquilizar su zozobra, solo que su mente acostumbrada a la mansedumbre y sin posibilidad de inventiva alguna no supo calcular el desenlace y las consecuencias de su escamoteo, porque lo primero que sustrajo fue la caja menor de la tienda de donde Chela, que por ser una anciana y por considerar a Chicle uno de los pillos de la cuadra dejó pasar el incidente sin mucha alharaca y no lo denunció con los patrones, se limitó a comentárselo en voz baja a los pelaos como quien no quiere la cosa. Una noche en que estaban reunidos afuera de su local los muchachos más jóvenes, fumando cigarrillo y tomando gaseosa, ella dijo: Ay, mis muchachos, ustedes al menos vienen a comprar, no como ese soplador del Chicle, que esta semana, aprovechando que yo estaba en la cocina fritando unas tajadas, se me metió aquí por la reja que yo dejo entreabierta y se me llevó ese cajoncito pequeñito que yo tenía, donde guardaba las monedas y uno que otro billetico y salió corriendo, demás que a fumar de eso que él fuma, LA CUADRA TIMES 157 él creyó que yo no me di cuenta, pero yo sí lo vi desde la cocina por el espejo que tengo en el comedor. Los pelaos escucharon y no comentaron nada, sobre todo porque entre ellos estaba Arcadio, que los fulminó con una mirada, como queriendo decir: Pilas abren la boca, pero el chisme estaba en el aire y toda habladuría que sale a la calle ya nadie la detiene, sea o no verdad. Arcadio se hizo el bobo unos quince minutos más, se despidió y se fue directo a buscar a su amigo al otro lado de la cuadra, pero no lo encontró donde siempre se mantenían, lo esperó hasta pasada la medianoche, pero nunca apareció, así que preocupado se fue a su rancho a dormir. Al otro día, cuando llegó a la esquina a eso del mediodía, ya era muy tarde, la noticia se había regado y Chicle seguía sin aparecer, pero el que sí estaba en el sitio rodeado de varios bandidos grandes era Armando, quien desde el incidente del muerto se la había cogido a Chicle. Al verlo, Arcadio sintió un frío de premonición de algo malo, lo saludó con respeto como siempre y escuchó que este remataba una frase diciendo: Déjelo que él aparece, el hijueputa ese debe estar fumándose hasta las uñas, pero eso no le alcanza para siempre, en esto aparece todo amurao por aquí, viendo a ver a quién cuelga ese perro. Armando, cuyo principal rasgo era la crueldad sin límite y sin motivo, llevó a Arcadio a un costado y sin preámbulo de ninguna clase le fue soltando la sentencia: Mijo, ese hijueputa amigo suyo es una lacra, ¿robarle a la vieja Chela para irse a meter bazuco?, eso no tiene nombre y mucho menos perdón, a esa gonorrea hay es que matarlo antes de que le coja gustico a eso y nos vuelva el barrio una olla. Arcadio intentó salir en defensa de su amigo, pero Armando, que parecía disfrutar con la situación, lo frenó diciéndole: Vea, Calvito, yo a usted lo aprecio desde siempre y por todo lo que ha hecho, no solo porque su hermano es de ley, sino que usted se ha sabido ganar un puesto, pero ni se le ocurra hablar bien de GILMER MESA SEPÚLVEDA 158 ese hijueputa desechable, que yo no quiero que los muertos por culpa de esa gonorrea sean dos, así que, mijo, espere a que esa rata aparezca, me le pica arrastre y usted mismo me lo mata bien muerto, lejitos de aquí, por esas mangas detrás del colegio que es por donde, según me han dicho, se mantiene fumando diablos esa chucha. Arcadio sintió todo el peso del mundo caer sobre sus hombros, pues a pesar de que ya llevaba varios muertos en su haber, este era su amigo, su hermano, su única compañía en el mundo. Se sentó callado y le dijo a su interlocutor: Pero, don Armando, ¿por qué tengo que ser yo?, pille que usted tiene muchos pelaos que harían esa vuelta de una y no tendrían… Armando, mirándolo con odio, lo interrumpió tosco: ¿Qué pasa, maricón?, ¿no es capaz o qué?, lo mando a usted porque me da la puta gana y además porque ya no hay quién arrastre los chulos, y si mando a otro, lo tiene que matar aquí, porque él no se va a ir con nadie, en cambio con usted sí, y a pedirle explicaciones a su puta madre, lo hace y punto, y si no quiere, avise, que eso se resuelve facilito, mijo. Arcadio se retiró regañado y se fue pensando que esta vida era una mierda y cómo podría salvar a Chicle, pensó en ir a buscarlo a la manga y avisarle para que se perdiera del barrio, pero sabía que si Armando se enteraba de que le había avisado, el muerto era él. Además, perderse para dónde, si Chicle no tenía a nadie ni sabía ni quería hacer nada y decirle que se fuera del barrio era como mandarlo a mendigar a la calle, ahí sí como un gamín real, sin suavizantes. Sabiendo que por más que volteara la idea, la verdad era que tenía que matar a Chicle, llegó temprano a su rancho y en la oscuridad de su pieza se puso a llorar sin descanso hasta la madrugada. Nada en LA CUADRA TIMES 159 la vida era justo, nada valía la pena, desde su niñez todo le había salido mal, siempre que se encariñaba con alguien irremediablemente lo perdía, esa parecía ser su maldición. A las tres y media de la mañana fue al cuarto de su padre y esculcando encontró una botella de alcohol etílico mezclado con agua que mantenía encaletada, la sacó, fue a buscar un casete que había grabado con Chicle donde tenía la canción Te están buscando de Héctor Lavoe, lo montó en una grabadora de su padre que sonaba horrible, prendió un bareto y se sentó en la cama de él a escuchar, fumar y beber hasta que amaneció, devolvió el casete para repetir el tema hasta que la cinta se enredó y le dañó toda la grabación. No quiso poner otro casete, sino que ubicó Latina Stereo en el dial y oía lo que iba sonando, pero en su mente seguía repitiendo la letra dedicada al gran pianista Markolino Dimond, deteniéndose en los pedazos que decían “te están buscando ya… te lo dije… que tuvieras más cuidao… te lo dije fumanchú…”. Al amanecer fue a su cuarto, sacó el revólver 32 recortado que le había dejado su hermano como herencia, se bañó y se fue para la esquina. Al llegar se fumó otro bareto y no quiso esperar a que Chicle apareciera, sino que iría a matarlo a donde estuviera, que seguramente era en las mangas donde desde hacía un tiempo para acá se mantenía. Sabía que si no lo hacía en ese momento y de esa manera, no iba a ser capaz después, y mucho menos esperarlo y picarle arrastre para matarlo traicioneramente, pensaba que al menos le debía eso, matarlo de frente, diciéndole por qué y mirándolo a los ojos. Apagó el bareto y se fue a buscarlo y lo encontró donde pensaba que estaba, daba lástima verlo, tirado en el suelo, lleno de mugre y en medio de un vuelo GILMER MESA SEPÚLVEDA 160 de bazuco horrible. En esa manga se reunían todos los sopladores del barrio a meter vicio y pasar el tiempo, ahí mismo se alimentaban poco y mal, y ahí también se juntaban sus detritus, el lugar era un estercolero pestilente y atosigado de vapores igualmente malolientes, era tan denso el ambiente que había que traspasarlo a nado entre olas de humo. El Calvo se aproximó a Chicle que estaba en un rincón sumido en una ensoñación fácida y le dijo: Qué hubo pues, parcero, ¿desde cuándo estás aquí metido? Chicle levantó la cabeza para responderle con una sonrisa queda y desdentada: Calvito, mijo, no sé, muchos hijueputas mandarte a vos pa que me llevés donde ellos pa matarme. No, mi llave, dijo Arcadio, yo no vine a llevarte a ninguna parte. ¿Entonces te mandaron a vos a matarme?, preguntó Chicle. Sí, parce, respondió Arcadio, y Chicle se puso a llorar mientras decía: Niño, a mí me vale mierda morirme, hasta mejor, yo aquí no estoy haciendo nada, mi vida es pura mierda, pero lo que sí me da tristeza putamente es dejarte solo, vos has sido lo mejor de esta puta vida conmigo y ya no te voy a volver a ver, ojalá que te pueda seguir cuidando desde el cielo, como en la cunita blanca de Raphy. Arcadio llorando le respondió: Ojalá que sí, hermano, yo a vos te he querido más que a nadie en mi vida, más que a mi hermano de verdad, mi llave. Chicle se incorporó y le dijo: Sabe que sí, yo lo voy a estar cuidando siempre, mi Calvito, pero no dejemos que esos hijueputas ganen, usted no me va a matar, yo solito me pego un pepazo y chao. ¿Cómo se te ocurre?, le dijo Arcadio. Sí, mijo, así va a ser, haceme la segunda por última vez en la vida, le extendió la mano y los dos se abrazaron entre lágrimas, Chicle se soltó del abrazo y mandó la mano a la cintura del Calvo, tomó el revólver y sin vacilar se lo metió en la boca y disparó. Arcadio lo sostuvo después del impacto y se quedó abrazándolo mientras se desmadejaba, muerto, así permaneció durante un largo rato, después LA CUADRA TIMES 161 lo dejó ahí tendido, le dio un beso en la frente ensangrentada y salió de las mangas cantando en voz baja: “Yo soy como el roble, palo de fuerza infernal, resisto el azote de la cruel tempestad. Pero no puedo aceptar, ese absurdo y tonto criterio, que no existe sentimiento que haga un hombre llorar. ¿A quién vamos a engañar?, dejémonos de esos cuentos, clavado llevo en el pecho, el flo de tu puñal. Qué importa que llore, señores, si estoy herido”. En la calle tomó un bus con dirección al centro de la ciudad y nunca más se supo de él en el barrio, jamás volvió. Hacer textos para un comic Mostrar versiones
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Recuerdo el día que se estrenó Juanito Alimaña en Latina Stereo, una emisora local dedicada al género, y fue una revelación: Chicle escuchó la letra y quedó alelado, como transportado a otra dimensión, por lo que empezó a buscar prestado un casete para sintonizar en una vetusta grabadora que tenía en la pieza donde vivía desde los diecisiete años, cuando arribó al barrio, los 100.9 y grabar todo lo que iban pasando a ver si en una de esas caía por suerte la canción que tanto lo había impactado, y cuando se acababa la cinta de un lado, lo volteaba y seguía grabando, así pasó todo el día, dándole vueltas al casete y grabando encima de lo que ya había grabado, hasta que casi a las diez de la noche sonó por fn el anhelado tema y logró captarlo completo, de ahí en más todos los días lo escuchaba desde temprano en la mañana hasta bien entrada la noche, tantas veces GILMER MESA SEPÚLVEDA 148 lo repitió que en menos de dos días todos los vecinos la sabíamos de memoria. La vida de Chicle era eso, estar en la esquina, escuchar salsa, fumar mariguana y arrastrar los muertos que caían en la cuadra y sus inmediaciones para que los levantamientos no atrajeran a la policía hacia el epicentro del combo. Lo conocí ya grande, cuando siendo yo un niño lo veía siempre igual, en la esquina y escuchando salsa sin hablar con nadie, porque aunque les servía a los bandidos del combo para tareas bien defnidas, nunca vi a ninguno hablar con él, solo aparecía para cumplir su función como si estuviera explícito de antemano que ese era su trabajo y nada más. Sobrevivía con lo que los pillos le daban por alejar los muertos y aunque era mayor que todos ellos, nunca se involucró en sus negocios de una manera activa, solamente hacía lo necesario para ir tirando. En el fondo creo que lo único que le interesaba en la vida era la salsa, porque para el resto de actividades era como una sombra: uno sabía que estaba, pero nunca se notaba demasiado porque además de ser extremadamente callado, era muy descuidado con su apariencia y su forma de vestir, y usaba por lo regular la ropa que otros habían dejado y que se la endosaban por no tirarla a la basura, lo cual hacía que nadie quisiera su compañía y al parecer al él tampoco le gustaba estar con la gente. Llegaba al punto de ubicarse en la esquina contraria a la de siempre cuando estaba muy llena de pillos y desde ahí contemplarlos mientras escuchaba su música y fue por esta que terminó relacionándose con Arcadio de una forma más cercana, ya que fue el único que se interesó en ese gusto particular de Chicle. Siendo también un niño, Arcadio quedó solo en el mundo, su madre lo había dejado junto con su hermano mayor Ramiro al cuidado de su padre para irse a probar suerte a Venezuela y nunca más supieron de ella, y su padre era latonero por días y bastante alcohólico, por lo cual los muchachos se LA CUADRA TIMES 149 criaron prácticamente solos, vivían en un ranchito de madera que se venía abajo cada tanto en las afueras del barrio, pero se mantenían en la cuadra porque los Prisco habían estudiado en la escuela con Ramiro, el hermano mayor, y la madre de estos, doña Leticia, al saber la historia de los dos muchachos les tomó cariño y les daba comida cada que podía, volviéndolos muy allegados a la familia. Fue así como Ramiro, al que todos le decían el Calvo por llevar el pelo al rape, fue uno de los fundadores del combo al lado de los hermanos Ricardo y Armando, pero en uno de los primeros trabajos de importancia como jaladores de carros fue sorprendido y en su afán de liberarse de un policía lo mató a puñaladas. Fue detenido por hurto y homicidio agravado, condenado a 35 años de cárcel y trasladado al penal de Valledupar, a donde era prácticamente imposible ir a visitarlo. A partir de este acontecimiento, Arcadio quedó claramente solo en la calle y fue por esto que se convirtió en favorecido de Los Priscos, que se sentían responsables por el muchacho, y adoptó el remoquete de su hermano preso, al principio en diminutivo, le decían el Calvito, pero a medida que iba creciendo se transformó simplemente en el Calvo. A pesar de que era admitido y querido por la familia Prisco y pasaba mucho tiempo en esa casa, nunca vivió plenamente con ellos, era un muchacho de la calle que además nunca estudió nada porque no tuvo quién lo matriculara ni lo empujara a ir a una escuela, y pronto se encontró vagando de arriba abajo en la cuadra haciendo mandados, lavando carros o rebuscándose cualquier centavo para sobrevivir. En ese tiempo se fue acercando a Chicle, porque era el único que a toda hora estaba disponible en la esquina y porque además siempre estaba escuchando música, lo que a Arcadio le parecía estupendo, porque esos sonidos le despertaban alegrías internas sin estrenar y esas letras le narraban las historias que él veía y vivía a diario, en esas canciones GILMER MESA SEPÚLVEDA 150 encontraba la compañía que nadie le había brindado en la vida, ni siquiera su hermano, que si bien lo quería mucho, era una persona distante y seca que nunca le expresó sus sentimientos. La amistad salsera de estos dos fue el encuentro de dos soledades que se comunicaron cantando con las canciones de otros lo que nunca aprendieron a decir con las propias palabras. Si bien la salsa en este barrio fue la banda sonora de la vida durante un par de décadas y todos la escuchábamos sin parar y con deleite, lo de estos dos amigos era una verdadera devoción que empezó cuando Arcadio escuchó al pasar la canción Melancolía de la Orquesta Zodiac en la envejecida grabadora que mantenía Chicle encendida a toda hora, por lo que estoy seguro de que gastaba más en pilas que en comida. Le preguntó que quién cantaba esa canción, que era muy bacana y Chicle, en principio reacio, solamente le respondió con el nombre de la orquesta y siguió en lo suyo, pero el muchachito insistente continuó averiguando que de dónde eran, que quién era el cantante, que cómo se llamaba la canción y que si él la tenía grabada. Chicle reparó bien al pelao y vio que su interés era real y empezó a relatarle todo lo que sabía sobre la Zodiac y sobre la salsa en general, y sintió algo que nunca había sentido en su vida, se sintió importante, y pasaron un largo rato sumergidos en una amena conversación sobre canciones y cantantes de los que ni el mismo Chicle sabía que conocía tanto, el joven cada vez más interesado y el mayor feliz desplegando su conocimiento acumulado en años y años de andar pegado a su grabadora. Desde ese día se hicieron amigos en serio y todos los días se encontraban para escuchar música, compartir conocimientos LA CUADRA TIMES 151 y descubrir juntos melodías y vocalistas nuevos, las vidas de ambos mejoraron ostensiblemente con esta pasión compartida, ya tenían un afán conjunto, la música, por lo que no era raro verlos juntando monedas para comprar pilas o casetes para grabar canciones y pedir papel de envolver parva en la tienda para escribir la letra de las tonadas e irlas recopilando, hasta que juntaron un repertorio y una sapiencia del género dignos de eruditos. Se contaban anécdotas que escuchaban, se trenzaban en discusiones imposibles para los neóftos sobre cuál orquesta era mejor, si la Broadway o la Típica 73 o la de Johnny Colón, y así llevaban sus días, y como Arcadio ya había empezado a fumar mariguana y Chicle era un consumidor asiduo, se pasaban las tardes entre su música y las risotadas del humo, felices solitarios en medio de una vida cada vez más tosca en el barrio, que les pasaba por las narices sin conmoverlos en lo más mínimo, porque mientras la muerte se enseñoreaba en estos predios, ellos inmutables vivían en su mundo mariguanero y musical, abstraídos de los problemas y enfrentando la adversidad cotidiana desde las voces y los sonidos tropicales que les hacían creer que la vida era posible. Pero como la canción dice, “todo tiene su fnal…”, Arcadio, al igual que el resto de muchachos de la cuadra, fue convocado por Los Priscos para que pagara dando plomo los cuidados dispensados en la época de las efectivas y numerosas matanzas de policías y enemigos, muy a su pesar tuvo que acudir porque su compromiso con los líderes del combo estaba teñido de algo más trascendental que el afán de lucro y respeto que incitaba a los demás. Estaba impulsado por la gratitud, un sentimiento tan altivo como inconveniente porque conlleva una GILMER MESA SEPÚLVEDA 152 deuda de sometimiento absoluto a quien ejerció el socorro que no se acaba nunca de pagar, y por más que se haga, en la mente siempre habrá un pendiente abierto que solo se cierra con la muerte. De ahí que muchos hombres preferan el desamparo y el aislamiento, como era el caso de Chicle, al saldo perenne cuyos intereses son la autoextorsión, el apocamiento y la represión. Así que el Calvo cada vez estaba más involucrado en crímenes y vueltas de la esquina y tenía muy poco tiempo para la música, aunque la escuchaba con regularidad, en todo momento y donde estuviera o mientras hacía lo que fuera. Pero no era lo mismo unas canciones apuradas como música de fondo de otras actividades que las dulces horas en que se sentaba con Chicle a escuchar juiciosamente los temas y a conversar sobre las letras, horas en que podían oír hasta treinta veces seguidas la misma melodía hasta que se la aprendían de cabo a rabo devolviendo el casete con un lapicero para no gastar las pilas, horas llenas de música en las que nada más importaba. Se podían pasar días enteros dirigiéndose la palabra escasamente para exclamar en los intersticios entre canciones, cosas como: Eh… ¡ese Patato sí es mucho teso con esas congas! o ¡Ismael Miranda sí es mucha voz ese hijueputa! y el otro decía: ¡Sí… pero como Maelo no hay dos!, y volvían a su mutismo de escuchas devotos hasta que la audición era estropeada por algún entrometido que venía a contarles algún chisme o a comentar sobre los azares de la cuadra. Se molestaban, pero no ahuyentaban directamente al invasor, se valían de una treta secreta que los unía más: se ponían a hablar de salsa, de cantantes como Santiago Cerón y compositores como Pedro Junco o Catalino el Tite Curet Alonso que nadie más conocía y la demás gente se aburría y se iban diciendo: Qué pereza estos maricas con esos temas todos rebuscados y a toda hora hablando de música, ¿no se cansan o qué?, ellos quedaban conformes y contentos de poder LA CUADRA TIMES 153 seguir escuchando sus temas sin molestas interrupciones. Sin proponérselo se habían transformado en una isla dentro del combo y eso les gustaba, pues los dos eran personas solas que encontraron en su amistad y sus gustos lo más parecido a un hogar, además se volvieron un equipo cuando Arcadio empezó a asesinar por orden de Los Priscos y Chicle arrastraba los muertos de aquel: se iban juntos cantando a matar y a remolcar como dos compañeros que se dirigen a un trabajo cualquiera, así se volvieron inseparables porque el destino los juntó también en el crimen. Pero en el mundo malandro las cosas siempre se tuercen por más recto que uno se obligue a andar y Chicle, que al parecer no tenía otro interés distinto en su vida que escuchar música, se afcionó de pronto al bazuco y con esta adicción sus pocas prioridades cambiaron radicalmente. El bazuco es quizás la peor de las drogas porque exige un consumo constante para evitar los periodos depresivos de disforia, que son los más en el consumidor perseverante, creando una necesidad a toda costa que no da tregua, por lo que cuando la persona se afciona a su consumo tiene que estar fumándolo todo el tiempo, su vida se vuelve el bazuco y se empecina en conseguirlo a como dé lugar, sin importar qué tenga que hacer para logarlo. Y si a esto le sumamos que Chicle no tenía dinero ni ninguna fuente de ingreso distinta a recoger muertos, tenemos a una persona en constante tensión, presa de lo que se conoce como amure, que es una desesperación invencible, una necesidad que sobrepasa todos los límites conocidos, y en él fue particularmente invasiva esta urgencia, lo llevó a descuidar todo lo suyo, ya de por sí bastante descuidado, GILMER MESA SEPÚLVEDA 154 y lo condujo incluso a abandonar lo que más quería en la vida, que era la salsa, empeñando su grabadora por cinco cosos, que es como le dicen al empaque de una dosis de bazuco. En los días de peor sujeción al vicio, Arcadio lo interpeló furioso diciéndole desechable y que cómo había sido posible que empeñara la grabadora, que ahora sí estaba era jodido, sin embargo, en medio de la reprimenda le entregó un radiecito con audífonos que había comprado para él, mientras el otro escuchaba cansinamente las palabras del Calvo que él sentía que venían de muy lejos y como cansadas, cuando en realidad el cansado era él y el bazuco le daba esa sensación de sosiego tan necesaria para poder sobrevivir que ya ni con la música lograba conjurar. Su vida se volvió un inmenso necesitar, un precisar constante de droga que solo lograba amainar con el consumo, esto pronto lo llevó a pedir plata a todo el que se encontrara. La gente al principio le regalaba monedas, sobre todo los pillos que de alguna manera lo consideraban uno de los suyos aunque inferior, pero rápidamente se cansaron de darle, nadie tolera a alguien que esté demandando enteramente y empiezan a tratar de componerle la vida al pedigüeño ofreciéndole trabajos y conminándolo a que haga lo que a ojos de la sociedad es lo correcto, que busque ayuda, que se interne, que tenga fuerza de voluntad, pero todas estas palabras e invitaciones son polvo que se lleva el viento en los oídos del adicto, que solo quiere cesar la voz interna que grita y desespera clamando por otra dosis. El Calvo fue el único que siempre toleró las demandas de Chicle y siempre que pudo le patrocinó el vicio aun a su pesar: siempre le echaba cantaleta, pero fnalmente le regalaba para que comprara algunos cosos, dejaba de comprar su propia ropa e incluso su comida con tal de que Chicle no se le desfgurara en la mente, viéndolo por ahí pedir monedas como un gamín. La necesidad de vicio afectó tanto los pocos ámbitos de la vida LA CUADRA TIMES 155 del arrastrador de muertos que ya ni siquiera era capaz de ejercer su ofcio: un día por la mañana mataron a Careloco, un infltrado de la policía que se hizo pasar por amigo de Los Priscos hasta que lo descubrieron y decretaron su asesinato, y Mario Toro y John Darío le dieron bala hasta decir basta al salir de la panadería de encima de la cuadra y ahí lo dejaron esperando que Chicle fuera a cumplir con su tarea, pero este nunca llegó, estaba en una manga al otro lado del barrio haciendo rendir unos cosos, mezclándolos con ladrillo molido y en medio de la más colosal traba. Cuando apareció en la cuadra bien entrada la noche, todo el mundo lo observaba como reclamándole y él no entendía hasta que Armando Prisco lo cogió a pescozones y malamente, entre insultos y bofetadas, le dijo que era un hijueputa bazuquero, que los había dejado tirados con un chulo ahí encimita y que la cuadra se había llenado de tombos, que hasta Ricardo estaba putísimo y que se había tenido que ir a esconder, y que si volvía a faltar, mejor no volviera porque él mismo lo mataba, así fuera a patadas. Chicle, aporreado y quejándose, se retiró hasta la esquina contraria, a donde llegó Arcadio para decirle: ¿Qué pasó pues, marica?, ¿dónde estabas?, vos sí sos muy cagada, agradecé que ese puto loco no te mató de una y ponete pilas que ve, ese marica vicio ya no te deja ni hacer las vueltas que tenés que hacer. Chicle medio lloroso le respondió: Estaba detrás del colegio fumándome unos diablitos, yo qué iba a saber que hoy era que iban a matar a ese hijueputa, y este otro pirobo por qué me tenía que pegar, ¿él acaso es mi papá?, ni siquiera es el patrón esa gonorrea, espere y verá que venga Ricardo y le voy a decir. ¿Sabe qué mano?, dijo Arcadio, mejor deje las vueltas así y venga tomemos gaseosa. No, qué gaseosa ni qué nada, dijo el otro, yo no tengo sed, tengo es rabia y ganas de fumarme un cosito, y se quedaron esperando que los pillos que los observaban desde el otro lado se dispersaran GILMER MESA SEPÚLVEDA 156 y se fueron a comprar el bazuco. Llegando de vuelta a la esquina Arcadio le dijo: ¿Y por qué no ponés música?, ¿dónde tenés el radio que te di? Chicle fumando le dijo: Calvito, parcerito, lo tuve que vender pa comprarme una comidita. Enfurecido, el Calvo le respondió: Qué comidita ni qué hijueputas, te lo fumaste en bazuco, maricón, y por eso no apareciste, comé mierda, puto desechable, ya no te respetás, ni siquiera querés a la música, y arrancó furibundo dejando a Chicle solo, ensartado en los tóxicos humos ya más tranquilo. El Calvo se molestó bastante por la desaparición del radio que le había regalado a Chicle y dejó de verlo varios días, en los que el amure de este llegó a alturas tan impensadas que lo condujeron al robo para poder tranquilizar su zozobra, solo que su mente acostumbrada a la mansedumbre y sin posibilidad de inventiva alguna no supo calcular el desenlace y las consecuencias de su escamoteo, porque lo primero que sustrajo fue la caja menor de la tienda de donde Chela, que por ser una anciana y por considerar a Chicle uno de los pillos de la cuadra dejó pasar el incidente sin mucha alharaca y no lo denunció con los patrones, se limitó a comentárselo en voz baja a los pelaos como quien no quiere la cosa. Una noche en que estaban reunidos afuera de su local los muchachos más jóvenes, fumando cigarrillo y tomando gaseosa, ella dijo: Ay, mis muchachos, ustedes al menos vienen a comprar, no como ese soplador del Chicle, que esta semana, aprovechando que yo estaba en la cocina fritando unas tajadas, se me metió aquí por la reja que yo dejo entreabierta y se me llevó ese cajoncito pequeñito que yo tenía, donde guardaba las monedas y uno que otro billetico y salió corriendo, demás que a fumar de eso que él fuma, LA CUADRA TIMES 157 él creyó que yo no me di cuenta, pero yo sí lo vi desde la cocina por el espejo que tengo en el comedor. Los pelaos escucharon y no comentaron nada, sobre todo porque entre ellos estaba Arcadio, que los fulminó con una mirada, como queriendo decir: Pilas abren la boca, pero el chisme estaba en el aire y toda habladuría que sale a la calle ya nadie la detiene, sea o no verdad. Arcadio se hizo el bobo unos quince minutos más, se despidió y se fue directo a buscar a su amigo al otro lado de la cuadra, pero no lo encontró donde siempre se mantenían, lo esperó hasta pasada la medianoche, pero nunca apareció, así que preocupado se fue a su rancho a dormir. Al otro día, cuando llegó a la esquina a eso del mediodía, ya era muy tarde, la noticia se había regado y Chicle seguía sin aparecer, pero el que sí estaba en el sitio rodeado de varios bandidos grandes era Armando, quien desde el incidente del muerto se la había cogido a Chicle. Al verlo, Arcadio sintió un frío de premonición de algo malo, lo saludó con respeto como siempre y escuchó que este remataba una frase diciendo: Déjelo que él aparece, el hijueputa ese debe estar fumándose hasta las uñas, pero eso no le alcanza para siempre, en esto aparece todo amurao por aquí, viendo a ver a quién cuelga ese perro. Armando, cuyo principal rasgo era la crueldad sin límite y sin motivo, llevó a Arcadio a un costado y sin preámbulo de ninguna clase le fue soltando la sentencia: Mijo, ese hijueputa amigo suyo es una lacra, ¿robarle a la vieja Chela para irse a meter bazuco?, eso no tiene nombre y mucho menos perdón, a esa gonorrea hay es que matarlo antes de que le coja gustico a eso y nos vuelva el barrio una olla. Arcadio intentó salir en defensa de su amigo, pero Armando, que parecía disfrutar con la situación, lo frenó diciéndole: Vea, Calvito, yo a usted lo aprecio desde siempre y por todo lo que ha hecho, no solo porque su hermano es de ley, sino que usted se ha sabido ganar un puesto, pero ni se le ocurra hablar bien de GILMER MESA SEPÚLVEDA 158 ese hijueputa desechable, que yo no quiero que los muertos por culpa de esa gonorrea sean dos, así que, mijo, espere a que esa rata aparezca, me le pica arrastre y usted mismo me lo mata bien muerto, lejitos de aquí, por esas mangas detrás del colegio que es por donde, según me han dicho, se mantiene fumando diablos esa chucha. Arcadio sintió todo el peso del mundo caer sobre sus hombros, pues a pesar de que ya llevaba varios muertos en su haber, este era su amigo, su hermano, su única compañía en el mundo. Se sentó callado y le dijo a su interlocutor: Pero, don Armando, ¿por qué tengo que ser yo?, pille que usted tiene muchos pelaos que harían esa vuelta de una y no tendrían… Armando, mirándolo con odio, lo interrumpió tosco: ¿Qué pasa, maricón?, ¿no es capaz o qué?, lo mando a usted porque me da la puta gana y además porque ya no hay quién arrastre los chulos, y si mando a otro, lo tiene que matar aquí, porque él no se va a ir con nadie, en cambio con usted sí, y a pedirle explicaciones a su puta madre, lo hace y punto, y si no quiere, avise, que eso se resuelve facilito, mijo. Arcadio se retiró regañado y se fue pensando que esta vida era una mierda y cómo podría salvar a Chicle, pensó en ir a buscarlo a la manga y avisarle para que se perdiera del barrio, pero sabía que si Armando se enteraba de que le había avisado, el muerto era él. Además, perderse para dónde, si Chicle no tenía a nadie ni sabía ni quería hacer nada y decirle que se fuera del barrio era como mandarlo a mendigar a la calle, ahí sí como un gamín real, sin suavizantes. Sabiendo que por más que volteara la idea, la verdad era que tenía que matar a Chicle, llegó temprano a su rancho y en la oscuridad de su pieza se puso a llorar sin descanso hasta la madrugada. Nada en LA CUADRA TIMES 159 la vida era justo, nada valía la pena, desde su niñez todo le había salido mal, siempre que se encariñaba con alguien irremediablemente lo perdía, esa parecía ser su maldición. A las tres y media de la mañana fue al cuarto de su padre y esculcando encontró una botella de alcohol etílico mezclado con agua que mantenía encaletada, la sacó, fue a buscar un casete que había grabado con Chicle donde tenía la canción Te están buscando de Héctor Lavoe, lo montó en una grabadora de su padre que sonaba horrible, prendió un bareto y se sentó en la cama de él a escuchar, fumar y beber hasta que amaneció, devolvió el casete para repetir el tema hasta que la cinta se enredó y le dañó toda la grabación. No quiso poner otro casete, sino que ubicó Latina Stereo en el dial y oía lo que iba sonando, pero en su mente seguía repitiendo la letra dedicada al gran pianista Markolino Dimond, deteniéndose en los pedazos que decían “te están buscando ya… te lo dije… que tuvieras más cuidao… te lo dije fumanchú…”. Al amanecer fue a su cuarto, sacó el revólver 32 recortado que le había dejado su hermano como herencia, se bañó y se fue para la esquina. Al llegar se fumó otro bareto y no quiso esperar a que Chicle apareciera, sino que iría a matarlo a donde estuviera, que seguramente era en las mangas donde desde hacía un tiempo para acá se mantenía. Sabía que si no lo hacía en ese momento y de esa manera, no iba a ser capaz después, y mucho menos esperarlo y picarle arrastre para matarlo traicioneramente, pensaba que al menos le debía eso, matarlo de frente, diciéndole por qué y mirándolo a los ojos. Apagó el bareto y se fue a buscarlo y lo encontró donde pensaba que estaba, daba lástima verlo, tirado en el suelo, lleno de mugre y en medio de un vuelo GILMER MESA SEPÚLVEDA 160 de bazuco horrible. En esa manga se reunían todos los sopladores del barrio a meter vicio y pasar el tiempo, ahí mismo se alimentaban poco y mal, y ahí también se juntaban sus detritus, el lugar era un estercolero pestilente y atosigado de vapores igualmente malolientes, era tan denso el ambiente que había que traspasarlo a nado entre olas de humo. El Calvo se aproximó a Chicle que estaba en un rincón sumido en una ensoñación fácida y le dijo: Qué hubo pues, parcero, ¿desde cuándo estás aquí metido? Chicle levantó la cabeza para responderle con una sonrisa queda y desdentada: Calvito, mijo, no sé, muchos hijueputas mandarte a vos pa que me llevés donde ellos pa matarme. No, mi llave, dijo Arcadio, yo no vine a llevarte a ninguna parte. ¿Entonces te mandaron a vos a matarme?, preguntó Chicle. Sí, parce, respondió Arcadio, y Chicle se puso a llorar mientras decía: Niño, a mí me vale mierda morirme, hasta mejor, yo aquí no estoy haciendo nada, mi vida es pura mierda, pero lo que sí me da tristeza putamente es dejarte solo, vos has sido lo mejor de esta puta vida conmigo y ya no te voy a volver a ver, ojalá que te pueda seguir cuidando desde el cielo, como en la cunita blanca de Raphy. Arcadio llorando le respondió: Ojalá que sí, hermano, yo a vos te he querido más que a nadie en mi vida, más que a mi hermano de verdad, mi llave. Chicle se incorporó y le dijo: Sabe que sí, yo lo voy a estar cuidando siempre, mi Calvito, pero no dejemos que esos hijueputas ganen, usted no me va a matar, yo solito me pego un pepazo y chao. ¿Cómo se te ocurre?, le dijo Arcadio. Sí, mijo, así va a ser, haceme la segunda por última vez en la vida, le extendió la mano y los dos se abrazaron entre lágrimas, Chicle se soltó del abrazo y mandó la mano a la cintura del Calvo, tomó el revólver y sin vacilar se lo metió en la boca y disparó. Arcadio lo sostuvo después del impacto y se quedó abrazándolo mientras se desmadejaba, muerto, así permaneció durante un largo rato, después LA CUADRA TIMES 161 lo dejó ahí tendido, le dio un beso en la frente ensangrentada y salió de las mangas cantando en voz baja: “Yo soy como el roble, palo de fuerza infernal, resisto el azote de la cruel tempestad. Pero no puedo aceptar, ese absurdo y tonto criterio, que no existe sentimiento que haga un hombre llorar. ¿A quién vamos a engañar?, dejémonos de esos cuentos, clavado llevo en el pecho, el flo de tu puñal. Qué importa que llore, señores, si estoy herido”. En la calle tomó un bus con dirección al centro de la ciudad y nunca más se supo de él en el barrio, jamás volvió. Hacer textos para un comic Mostrar versiones
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